EL SEGURO DESDE LA PERSPECTIVA DEL DERECHO MARITIMO. Desarrollo histórico y social.

El seguro y el transporte marítimo han madurado de manera paralela y como hermanos cercanos. Su mutuo desarrollo ha permitido que el mundo sea como hoy lo conocemos, una pequeña aldea global; con la base de contratos, convenios internacionales e interpretaciones judiciales, se ha perfeccionado tanto la cadena logística como el los avances técnicos en el área.

Esta investigación aborda de manera conjunta los aspectos que inciden en el transporte marítimo internacional de mercancías y como la póliza de transporte de carga soporta estas operaciones, brindando cobertura continua y necesaria ante los riesgos que se presenta. A su vez, en cuanto al marco jurídico nacional e internacional, abordamos directamente el Convenio de las Naciones Unidas sobre Transporte de Mercancías por Mar del 1972; mejor conocido como Reglas de Hamburgo por ser la normativa internacional sobre la cual se fundamente el transporte de carga en República Dominicana; sin embargo, incluimos las Reglas de La Haya-Visby y sus diversos protocolos a manera de comparación para entender las ventajas que nos brinda el primero como nación sin flota mercante.

Para lo anteriormente expresado, hacemos un recuento histórico paralelo entre el seguro y el transporte de carga, a manera de entender su desarrollo jurídico; y con el objetivo final de colocar al lector en posición de entender la realidad actual. Aprovechamos y explicamos cómo funciona el sistema de aseguramiento en Lloyd y la interacción entre sus actores.

Tomamos como referencia en gran medida la Ley 146-02 sobre Seguros y Fianzas de la República Dominicana. A su vez, analizamos los pormenores del régimen aduanal en República Dominicana por medio de la Ley No. 3489 promulgada para el 14 de febrero del 1953, sobre el Régimen de las Aduanas; así como la ley 226-06 que otorga la autonomía a la Dirección General de Aduanas. Incluimos diversas resoluciones administrativas de la DGA y el decreto 36-11 de fecha 20 de enero del 2011 sobre la valoración aduanera conforme al convenio GATT.

( I de III )

Progresión histórica del seguro

Inicios del concepto de protección mutualista.

El concepto de protección mutualista es una realidad que nace desde la concreción misma de la sociedad. Los humanos desde sus inicios se agrupan a manera de protegerse y auto sostenerse de las necesidades básicas, este hecho de unir esfuerzos para proteger a la tribu o manada es el concepto mismo de mutualidad de aseguramiento. Sólo es necesario de que las personas unidas tengan un interés común que proteger.

Como ejemplo están son las mutuas españolas, que no son más que asociaciones de comerciantes o agricultores que tenían como interés común la protección de sus negocios o cosechas de los avatares propios de la naturaleza o los peligros del camino cuando eran transportadas entre pueblos o ciudades. Esta unión creó políticas y directrices que apoyaban en iguales condiciones a todos los interesados. No existía límites de indemnización, más allá que el valor de las propiedades del miembro, y lo único exigible es que se apoyara a otros miembros en iguales condiciones como fueran a ser ayudados ellos en caso de necesidad.

Parten tanto de la necesidad, como de la ley de grandes números, que permite entender que a una gran masa de sujetos expuesta, no a todos los individuos les afectaran catastróficamente los mismos hechos al mismo tiempo. Lo que permitía que la masa comunera (Mutua) soportara el riesgo per se dé la desgracia acontecida a un grupo pequeño de sus miembros o asociados.

Esta reciprocidad de acción es la que asienta la base de lo que a futuro será el seguro como entidad de transferencia de riesgos.

Figuras históricas del seguro y la navegación marítima.

La Aventura Marítima, denominación técnica que infiere el riesgo de la travesía tanto para los cargadores de mercancías como para el propio dueño de la embarcación y su tripulación, es el ejemplo perfecto del desarrollo del seguro en una actividad comercial. Ambos, el seguro y el comercio marítimo, han ido de la mano históricamente. Sin embargo, esto ha permitido que ambos se desarrollen en el aspecto técnico y en el jurídico de manera avanzada. Ambos son rubros comerciales antiguos, pero la propia necesidad de ellos ha hecho que la sociedad se preocupe en su avance en todos sus aspectos.

Al transcurrir los siglos, se crearon figuras propias del ámbito marítimo y de seguros que son compartidas por ambos. Dos figuras que fueron formalizadas en el ámbito jurídico se le deben a los griegos, los que desarrollaron buena parte de lo que es el corpus legislativo moderno:

  1. Préstamo a la Gruesa

El contrato de préstamo a la gruesa es una modalidad del contrato de préstamo, antecedente de los seguros marítimos. Puede considerarse en la actualidad una reliquia histórica. El Código de Comercio Dominicano lo regula entre sus artículos 311 al 331; los mismos están vigentes a pesar de ser letra muerta.

Es también denominado “Ventura o préstamo a riesgo marítimo”. Apenas se utiliza actualmente, habiendo ocupado su lugar los distintos tipos de seguros marítimos y de asociaciones navales. Sin embargo, es posiblemente el contrato marítimo de mayor abolengo. Se trata de un préstamo aleatorio y condicional, pactado con una garantía real; que nuestro código civil en su Art. 1964 lo deriva al Código de Comercio por tratarse del ámbito de seguros y transporte y, por tanto, acto de comercio.

Las cantidad es prestadas han de destinarse al buque o a su cargamento. El prestatario se obliga a devolver el capital y sus intereses si hay feliz arribo a puerto de los efectos sobre el que esté hecho el préstamo o el valor que obtenga en caso de siniestro. Por tanto, las cosas referidas quedan afectadas al reintegro del capital y al premio convenido. El contrato se formalizará siempre por escrito. Si el buque llega al puerto de destino sin pérdidas o averías, el prestatario devolverá el capital más el premio convenido. Si llega a destino averiado, el prestamista soportará la avería, salvo que sea ésta simple o se hubiera pactado otra cosa. Para que la pérdida del buque exonere al prestatario de devolver el capital, ha de ser consecuencia de alguno de los accidentes de mar previstos en el contrato, haberse producido el accidente en el tiempo y durante el viaje convenidos, y constando la existencia de la carga a bordo.

De manera teórica, se distinguen entre el voluntario y el necesario. El primero, contratado por el naviero para procurarse fondos, y el segundo, el que la ley autoriza a gestionar al capitán en ciertos casos encontrándose de viaje.

Puede constituirse el préstamo sobre el caso del buque, sobre el aparejo, sobre los pertrechos, víveres y combustible, sobre las máquinas y mercaderías cargadas. No obstante, si se constituye sobre el casco, se entenderán además afectos a la responsabilidad del préstamo, el aparejo, pertrechos y demás efectos, víveres, combustible, máquinas y fletes obtenidos en el viaje del préstamo. Si se hiciese sobre la carga, quedará afecto al reintegro todo cuanto lo constituya.

En el contrato figurará todo lo referente a los datos del buque, su capitán, las partes del contrato, capital y premio convenido, plazo de reembolso, los objetos pignorados a su reintegro y el viaje por el cual se corre el riesgo.

En cuanto a los efectos del contrato, obliga al deudor a devolver al prestamista la cantidad recibida, así como el interés o premio convenido. Si el buque ha llegado felizmente a puerto, se produce el efecto, gozando el acreedor de la oportuna acción ejecutiva y de la preferencia para el cobro de su crédito.

Si se incumple la condición de feliz arribo, hay que distinguir dos supuestos:

  1. Si los efectosse perdieron absolutamente a causa de accidente de mar, quedarán extinguidas las acciones correspondientes al prestamista. La prueba de la pérdida incumbe al que recibió el préstamo. No obstante, si se tratase de un naufragio y se salvaren algunos efectos, la cantidad afecta a la devolución del préstamo se reducirá el producto de los mismos, deducidos los gastos de salvamento.
  2. Si la pérdida fuese debida al vicio propio de la cosa, culpa o malicia del prestatario o malicia del prestatariobaratería del capitánempleo del buque en contrabando o embarque de las mercaderías en buque distinto del designado en el contrato, el acreedor conservará sus derechos y acciones en la misma forma que en caso de feliz arribo.

Avería Gruesa o Común. Una idea más evolucionada en el concepto seguro fue la institución de avería gruesa o avería común[1], la cual, gracias a la LEX RODHIAS es llevada a la práctica obligatoria en el transporte de carga, comenzando con los códigos romanos. Todavía al día de hoy subsiste la figura y es amparada a través de las Reglas de York y Amberes, las que han evolucionado acorde a la actualidad. Sin embargo, el concepto de la participación en la pérdida común de todos los intereses que se encontrasen sobre el buque, mantuvo singular importancia entre los siglos VII y X, ya que era el participación colectiva de la materialización de un riesgo; esta afectación patrimonial abarcaba porcentualmente tanto a los cargadores de la mercancía como a los mismos armadores responsables de la travesía.  Es de tal importancia, que en la actualidad el concepto de avería gruesa no sólo es legislado, sino que también se extiende a coberturas convencionales dentro de las pólizas de transporte de mercancía. Y dado su nivel de riesgo, puesto que partiendo del costo de la carga será el aporte con el que deberá participar el propietario en caso de una declaratoria de avería, implica una de las cargas económicas más importante para el cálculo de la prima del riesgo de transporte de mercancías.

El seguro en la edad media y la ilustración.

La Edad Media es el período histórico de la civilización occidental comprendido entre el siglo V y el XV. Convencionalmente, su inicio es situado en el año 476 con la caída del Imperio romano de Occidente y su fin en 1492 con el descubrimiento de América,​ o en 1453 con la caída del Imperio bizantino, fecha que tiene la singularidad de coincidir con la invención de la imprenta —publicación de la Biblia de Gutenberg— y con el fin de la guerra de los Cien Años.

No es una casualidad que fueran los italianos, especial en Génova los primeros que históricamente formalizaran las Polizza, como el primer contrato de aseguramiento sobre determinados riesgos. Debemos situarnos en que en ese periodo de la historia de la humanidad la Iglesia Católica tenía un amplio e incontrovertido poder sobre la sociedad y el poder político. Para el 1450 Roma había prohibido de manera expresa y literal los préstamos con intereses, refiriéndose a ellos como usura y, por tanto como un pecado capital; por lo que no era correcto celebrar contratos tipo préstamos a la gruesa que durante siglos fue la manera conocida en el mundo marítimo de un incipiente aseguramiento.

Es por esto que genoveses crean un contrato civil de índole condicional y aleatoria que les permitiera cubrir riesgos nombrados; era más cercano a “una apuesta avalada por notaría”, pero que a los fines cumplía con cubrir las necesidades de las aventuras marítimas de la época.

Pasados los años y a cuenta de las guerras regionales de la península itálica, los lombardos emigran a distintas zonas geográficas. Unos de sus primeros asentamientos fue en la isla de Bretaña, específicamente en su capital Londres. Que para el año 1600 aproximadamente, hacen un importante asentamiento migratorio en la cosmopolita capital de Inglaterra; de hecho, un calle fue bautizada gracias a ellos y que aún existe, la “Lombard Street”. Gracias a esa migración, a fuerza de costumbre y con el paso del tiempo, los lombardos llevaron consigo los desarrollos jurídicos latinos, en especial los avances en el derecho comercial que habían logrado. Estos tuvieron una incidencia preponderante en los futuros Suscriptores Londinenses.

El Café Lloyd’s y su incidencia en el seguro y el derecho marítimo.

coffee-shop-lloyds-historiaEn 1688 inicia uno de los lugares emblemáticos del sector marítimo y del seguro que aun hoy es mencionada como referencia. Luego del fatídico incendio de Londres en el año 1666, que destruyó prácticamente toda la ciudad, se abrieron una serie de bares, restaurantes y cafeterías propias para cubrir las necesidades de alimentación y esparcimiento de los lugareños. Uno de estos sitios era el café del señor Edward Lloyd; este era el lugar habitual en el que se reunían los agentes de seguros, los comerciantes, los armadores de buques y se enteraban de noticias propias del sector marítimo y asegurador.

En el café Lloyd’s se dan cita los denominados Underwriters[2] . Son los responsables de moldear el concepto de seguro moderno. La institución de los suscriptores no tuvo ningún tipo de regulación formal por parte de Ley hasta pasados casi doscientos años, literalmente eran “pactos entre caballeros” y se levantaba un contrato que su formalismo iniciaba con: “Los abajo firmantes…” de ahí su nombre. Su vinculación era eminentemente convencional y lo acordado era respetado por las partes.

 En el año 1790 nacen las primeras aseguradoras formales, la London Assurance Corp. y la Royal Exchange Assurance, Co. Ambas lograron ser un monopolio por treinta y cinco años. Exclusivamente el seguro marítimo se debía realizar con ellas o con los Suscriptores de manera soterrada. Este panorama cambia con la necesidad de mayores y diversas coberturas propias del desarrollo náutico y la construcción de naves.

Para entender lo siguiente, es necesario situarse en la época. Ya la humanidad salía de los buques propulsados por viento y cambiaban a la máquina de vapor. Hecho este que marca el cambio de la época de la Ilustración a la Revolución Industrial. Por esto los riesgos aumentan exponencialmente, ya los buques no simplemente se bastaban con cubrir riesgos propios de la naturaleza, sino que era necesario prever accidentes propios de explosiones e incendios relacionados al medio de propulsión. Esto hacia más complejo de calcular los incidentes y las posibles indemnizaciones o reposiciones a los afectados.

Sin embargo, ni las aseguradoras ni los mismos suscriptores estaban completamente de acuerdo con otorgar coberturas a riesgos de especial más azarosos.

Partiendo de lo explicado, el mercado se transforma. En el 1810 nacen los primeros “Hull Clubs” que eran mutuas o cooperativas de propietarios de buques que se reunían para entre ellos cubrir los riesgos que les eran negados por el seguro comercial o por los suscriptores londinenses; ojo: el seguro comercial continuaba operando comercializando las coberturas normales y comunes que hasta la fecha habían vendido, pero para aquellas que no querían cubrir o que lo hacían con un costo más alto que el soportado por los armadores, estaba la opción de los Clubs.

Los Clubs fueron especializándose y luego aumentando a nuevas coberturas acordes a las necesidades sociales que eran impuestas o por leyes o por sentencias de Tribunales. De repente para el 1855 era necesario abarcar pagos indemnizatorios por tardanza al arribo y entrega de carga; esto era cubierto por los Clubes. Igualmente ocurrió con indemnizaciones por daños sufridos a la dotación del propio buque, o por los daños en que se comprometía la responsabilidad civil del buque por abordaje. Estos cambios en la tendencia jurisprudencial dan por nacimiento en el 1874 lo que hoy conocemos como los Clubes de Protección de Indemnización[3].

Maritime Insurance Act, 1906.

Esta pieza de la legislatura victoriana inglesa ha sido el ejemplo de simplicidad y practicidad de muchas legislaciones. Fue promulgada en el 1906 y tuvo por mérito sentar las bases de la teoría del seguro moderno. Por lo anterior, la misma no se quedó en el ámbito marítimo, sino que apoyó en crear que los demás ramos del seguro fueran impactados.Marine-Insurance-Act-1906-1

La MIA, 1906 legisló figuras de altísima importancia que ayudaron a perfeccionar al seguro moderno: el concepto de interés asegurable y la máxima buena fe (ubérrima fidei), definiciones de riesgo, reaseguro, coaseguro, baratería, pólizas flotantes, el infraseguro, sobreseguro, los deducibles y/o franquicias. Etc.

La riqueza practica y teórica de los conceptos que fueron organizados y colocados en un solo cuerpo, hace que la MIA 1906 haya sido el inicio del seguro moderno. Lógicamente, el que haya nacido en Inglaterra, como potencia naval y bastión comercial en Europa a finales de siglo XIX, le permitió ganar una credibilidad y un empuje que ninguna otra iniciativa legislativa pudo tener.

Su éxito se debió a que aglutinó las mejores prácticas comerciales y las más avanzadas jurisprudencias de litigios navieros que existieron hasta la época. Y con el inicio de la edad industrial, el perfeccionamiento de la máquina de vapor, los inicios de los motores de combustión interna y la tecnificación de medidas en cuanto al transporte y la metalurgia, permitió que los cambios tecnológicos que el sector marítimo recibió, crearon un literal salto cuántico en lo relacionado al sector naviero y su par obligado, el seguro comercial.

Como es normal, la MIA ha tenido modificaciones en el último siglo, a fin de adecuar el marco normativo a la tendencia de los nuevos negocios y de los propios avances tecnológicos que la sociedad ha creado sobre la marcha. La última de sus modificaciones fue en el año 2015.

El Mercado Asegurador Londinense en la actualidad

iuaLas pólizas de seguros en Londres son preparadas por la Compañía de Mercado de Londres o por el Lloyd`s. El mercado corporativo es organizado por un cuerpo privado llamado la Asociación Internacional de Suscriptores (IUA por sus siglas en ingles) y por sus miembros que son aseguradores. La IUA es formada por la unión de dos instituciones: el Instituto de Suscriptores de Londres (ILU, por sus siglas en ingles) en el que predominan los aseguradores del campo del transporte marítimo y aéreo; y por la Asociación del Mercado Asegurador y Reasegurador de Londres (LIRMA, por sus siglas en ingles), los que manejan riesgo no marítimos (Gürzes, 2017).

La historia del Lloyd´s se remonta al siglo XVII cuando la importancia de Londres como centro de comercio de seguros, se le incrementó la demanda de pólizas de naves y de carga. Al día de hoy el Lloyd´s es el líder mundial de seguro especializado. (Gürzes, 2017)

Es necesario resaltar que Lloyd´s es un organismo privado creado por la Ley del Parlamento Londinense en 1871 bajo su nombre. Lloyd´s no es una compañía aseguradora; es un mercado en el donde sus miembros interactúan como sindicatos para asegurar riesgos. Mucho del negocio en la Lloyd´s funciona por suscriptores, en donde más de un sindicato toma una porción de un mismo riesgo. Los negocios son conducidos cara a cara entre corredores y suscriptores, en los espacios que físicamente se habilitan en el edificio de Lloyd´s. Los Suscriptores tienen espacios en los que atienden a los corredores que le llevan negocios de riesgos a transferir.

El actual Lloyd´s se componen de dos partes: El mercado, que se conforma de negociantes independientes y la Corporación del Lloyd´s, el cual supervisa el mercado. Ambas partes trabajan de manera cercana para mantener los altos estándares del desarrollo del mercado del seguro internacional. (What is Lloyd’s, 2018).

 Los Sindicatos

Los miembros del Lloyd´s se organizan en sindicatos que aceptan los negocios de aseguramiento a través de un agente administrador profesional, que es empleados por los suscriptores profesionales que se encuentran en la estructura. El agente administrador es responsable en determinar la política del suscritor y la estrategia del sindicato que él administra, determina el programa de reaseguro de su sindicato, administra las inversiones, maneja la administración y el cálculo de las reservas. Un sindicato, el cual no tiene personalidad jurídica y no es un asociado, es la base de administrar los acuerdos con los miembros suscriptores para asegurar riesgos.

El Seguro y el Contrato Póliza.

La Ley 146-02 sobre Seguros y Fianzas en República Dominicana define al seguro como la forma de satisfacer necesidades individuales, posibles, definidas y calculables, mediante la contribución específica y económicamente factible de un grupo grande de unidades de exposición, sujetas a peligros iguales. Sin embargo, entendemos que a eta le falta un elemento vital que sin él, el concepto es incompleto e incluso ambiguo; por lo que preferimos definir al seguro de la manera siguiente: Forma de transferencia de riesgo en que una persona o entidad (aseguradora) por el cobro de una precio (prima), acepta responder (cobertura) por cualquier hecho fortuito, futuro e imprevisible (Riesgo) al cliente o cedente (asegurado).

Cuando hablamos de seguro es necesario hablar sobre transferencia de riesgo. Esto así porque a pesar de que la propiedad de cosa asegurada permanente y nunca se transmite, pero los hechos posibles, futuros e inciertos son capaces de transferirse positivamente a una persona moral o física, que tenga capacidad de soportarlos o mitigarlos. El seguro como contrato tiene varias características jurídicas:

  • Contrato Personal
  • De carácter fortuito
  • Con un hecho aleatorio
  • Condicional
  • Oneroso

El contrato de seguro es denominado como póliza, que como anteriormente hemos informado, viene del latín polizza. Nuestra Ley 146 define a la póliza como el documento que da constancia del acuerdo por el cual una parte contratante (asegurador), mediante el cobro de una suma estipulada (prima), se obliga a indemnizar o pagar a la segunda parte contratante (asegurado o propietario de la póliza) o a una tercera persona (beneficiario, cesionario, causahabiente o similares), en la forma convenida, a consecuencia de un siniestro o por la realización de un hecho especificado en la póliza.descarga

 Es el documento que instrumenta el contrato de Seguros, en el que se reflejan las normas que de forma general, particular o especial regulan las relaciones contractuales convenidas entre el asegurador y el asegurado. Su inexistencia afectaría la vida propia del seguro, ya que sólo cuando ha sido emitida y aceptada por ambas partes se puede decir que han nacido los derechos y obligaciones que de la misma derivan. (Lozano, 2001)

Las pólizas de seguro se dividen en tres partes expresamente definidas:

A. Cond. Generales: Conjunto de principios básicos que establece el asegurador para regular los contratos de seguro que emita en el mismo ramo o modalidad de garantía.

B. Cond. Particulares: Recoge los aspectos relativos a la individualización del riesgo (bien o servicio asegurado) con especial atención en: nombre y domicilio de los contratantes, concepto en el cual se asegura, naturaleza del riesgo cubierto, designación de objetos asegurados, inicio y vencimiento de periodo, costo de la prima, impuestos y demás cargos; alcance de cobertura

C. Endosos (Condiciones Especiales): Su misión es perfilar o matizar el contenido de algunas normas recogidas de las C.G. Ejem.: Deducibles o franquicias especiales, eliminación o inclusión de exclusiones, modificaciones del riesgo, Etc.

Las condiciones generales obedecen a un estilo único, se crea una única vez y luego de aprobadas por la Superintendencia de Seguros y la Dirección de Protección al Consumidor[4] ; los endosos tienen su carácter técnico y dependiente del condicionado general de la póliza y de las particularidades del riesgo.

Requisitos generales para asegurar

El seguro, sin importar su ramo, requiere tres requisitos generales de cara al asegurado. Los cuales son indispensables para la correcta asegurabilidad de los riesgos:

Máxima buena fe (Uberrima Fidei).

El deber de buena fe se puede definir como la obligación del asegurado o su representante de comunicar al asegurador todos los asuntos que pudieran influir sobre El en determinar la extensión de los riesgos existentes sobre los bienes asegurados. Para el asegurador, las declaraciones hechas por el asegurado son crucialmente importantes, en dos sentidos: el primero es que producto de la información recopilada puede aceptar o no el riesgo asegurado; el segundo es que para determinar el valor de prima, es necesario estudiar el nivel de peligrosidad de los riesgos que inciden sobre el bien asegurado, dado que a mayor peligro puede resultar en mayor coste.

Para nuestra legislación, lo anterior queda plasmado en el Art. 52 de la Ley 146-02 sobre seguros y fianzas:

Artículo 52.- El asegurador acepta el seguro, contrae la responsabilidad de éste y fija la prima sobre la base de las declaraciones y descripciones hechas por el asegurado o su representante, en la solicitud o en cualquier otro documento, de las cuales dicho asegurado o su representante, resulta sólo y exclusivamente responsable. El asegurado o su representante no deben omitir circunstancia alguna relativa a los riesgos, ni puede reclamar después del siniestro contra las enunciaciones de las pólizas o fuera de ella.

Más adelante la legislación dominicana establece de manera expresa la necesidad de las declaraciones exactas y sobre su competencia con los datos aportados estableciendo que dicha información es una representación[5] no una garantía, a saber:

Artículo 62.- Todas las declaraciones consignadas en una solicitud de seguros o en documentos para las negociaciones de contratación de un seguro, hechas por el solicitante o en su nombre, son representaciones y no son garantías. La omisión, el ocultamiento de hechos y las declaraciones incorrectas no impedirán el ejercicio de los derechos de los beneficiarios con arreglo a la póliza, salvo que: a) Sean fraudulentas. b) Sean substanciales. c) El asegurador no hubiera emitido la póliza en forma alguna, o en la forma, o por el valor que la emitió, de haber conocido los hechos verdaderos según son requeridos en la solicitud de seguros o en cualquier otra forma.

La importancia de la máxima buena fe reside en el carácter obligatorio para el asegurado en cuanto a la toma o no del riesgo asegurado. Es importante entender que una vez dada la póliza y pagada la prima, la aseguradora es responsable en igual medida de su cobertura, y podrá impugnar el contrato póliza si demuestra que las declaraciones fueron falsas, inexactas o alteradas; y que en caso de que hubiera conocido la realidad de los hechos, o no los hubiera aceptado o habría tenido unas condiciones diferentes a las exigidas al asegurado.

Una alteración en el requisito de máxima buena fe, acarrea la nulidad del contrato póliza, y la devolución total de la prima del asegurado. Por tanto es como si el contrato nunca hubiera existido.

Interés asegurable

La moderna teoría jurídica ha ido depurando progresivamente el concepto del objeto del contrato de seguro, poniendo de manifiesto que recae no sobre determinadas cosas materiales, sino sobre el interés patrimonial que una persona ostenta en relación a tales cosas. Define al interés asegurable como la relación de una persona con una cosa sometida a los riesgos de la navegación. (García, 2012)

interes asegurableNuestra Ley sobre Seguros y Fianzas no brinda una definición expresa del concepto, establece que el interés asegurable es una condición especial a la que se someten los contratos de seguros y que se adicionan a las que el Código Civil ordena en los Arts. 1101 y siguientes. Sin embargo, el Art. 71 establece la aplicación del interés asegurable en los contratos de diversos ramos del seguro:

Artículo 71.- Se reconocen los intereses asegurables que se definen a continuación:
En los Seguros de Personas:
Las personas relacionadas íntimamente por consanguinidad, afinidad, lazos de cariño o afecto.
Las personas responsables del sostenimiento de un menor o de un interdicto.
Otras personas con interés económico legítimo y sustancial en la conservación de la vida, la salud y seguridad personal del asegurado.
Una persona física o moral que sea parte en un contrato con opción para la compra o venta de interés en una sociedad de negocios o profesional o la compra o venta de acciones, o de interés en tales acciones, sobre la vida o la salud de cada uno de los otorgantes de dicho contrato, exclusivamente para los fines de tal contrato, en adición al interés asegurable que de otro modo pudiera existir respecto a la vida y la salud de esa persona.
En los seguros de propiedades, cuando haya cualquier interés económico real, legítimo y sustancial en la seguridad del objeto del seguro o en su conservación libre de pérdida, deterioro o perjuicio económico. La medida de un interés asegurable en una propiedad es el valor apreciable en dinero del daño o perjuicio que pudiera resultar al asegurado por pérdida, destrucción o deterioro de la misma.
En los seguros de responsabilidad civil, en los casos y en la medida en que el asegurado deba soportar o reparar el perjuicio causado.
El valor del flete de las mercancías transportadas, los gastos que ocasionen, y la utilidad que se espera de las mismas.
El beneficio económico esperado y no obtenido en la operación de un negocio, como consecuencia de la ocurrencia de un siniestro que cause daños físicos asegurados.
El valor de la prima adicionalmente pagada para restituir el valor originalmente asegurado reducido por un siniestro.
En los contratos de fianzas:
Ser titular del cumplimiento de una obligación contractual frente a terceros.
Ser parte del contrato de fianza realizado con el asegurador en calidad de beneficiario.

El interés asegurable es el requisito que debe concurrir en quien desee la cobertura de determinado riesgo, reflejado en su deseo sincero de que el deseo no se produzca, ya que a consecuencia de él se originaría un perjuicio para su patrimonio. Se entendería más fácilmente si se tiene en cuenta a quién lo asegura, es decir, el objeto del contrato no es la cosa amenazada por un peligro fortuito, sino el interés del asegurado en que el daño no se produzca. El interés asegurable no es un simple requisito que imponen los aseguradores, sino una necesidad para velar por la naturaleza de la institución aseguradora, sin la cual sería imposible cumplir su función protectora de la sociedad. Desde un punto de vista técnico, la existencia de contratos sin un interés asegurable produciría necesariamente un aumento de la siniestralidad, si se tiene en cuenta, por ejemplo, como la experiencia lo ha demostrado, que el número de siniestros aumenta en las épocas de crisis en que, con facilidad existen muchas mercancías almacenadas sin valor comercial, pero con un valor asegurado equivalente a de un periodo normal, mientras que en las épocas de escases la siniestralidad disminuye. (Lozano J. C., 1992)

En la jurisprudencia nacional no contamos con definiciones dada por la SCJ de la idea conceptual de intereses asegurable. Sin embargo, a nivel internacional la jurisprudencia inglesa cuenta con nutrida cantidad de interpretaciones, de las cuales colocamos tres por entender que son las que mejor se ajustan a los objetivos de esta investigación:

Para el caso Lucena & Crawford, Lord Eldon describe al interés asegurable como el derecho en una propiedad, o el derecho derivado de algún contrato de propiedad, que en caso de una perdida por cualquier contingencia pueda afectar la posesión o el gozo de la parte afectada.

En el mismo caso mencionado, Lord Lawrence formula su definición como el interés en la preservación de la cosa que por circunstancias con respecto a si misma, tenga un beneficio por su existencia y que produzca un perjuicio por su destrucción.

Ya en el caso Sharp Vs. Sphere Drake Insurance (The Moonacre), el abogado Mr. Coleman, QC opinó que la pregunta esencial para medir un interés asegurable ha sido cómo establecer la relación entre el asegurado y el sujeto del seguro, si ha sido lo suficientemente cercana para justificar que ha pagado el evento de su pérdida o daño, teniendo en cuenta que el hecho que, si ha habido o no suficiente cercanía en la relación.

En nuestro concepto, vemos al interés asegurable como la relación patrimonial directa que existe entre un asegurado o tomador del seguro con la cosa asegurada; pero no simplemente el vínculo jurídico de propiedad o posesión, sino que la referida unión establezca una condicionante tal que permita visualizar que el afectado pueda tener un daño patrimonial directo con su perdida.

De ahí que en el seguro de daños, la importancia del interés asegurable no sea al momento de asegurar el bien o pagar la prima; sino cuando el bien afectado sufra un siniestro con cobertura para reponer el bien. Esto es sencillo de explicar con un ejemplo directo: En materia de carga en transporte marítimo, la propiedad de la carga la otorga el Recibo de Embarque o en ingles “Bill of Lading” (BL en lo adelante). El BL es un documento a la orden, no un título nominal, por lo que la persona que tenga en su poder el referido título se reputa como el legítimo propietario de la carga.

Como título al portador, puede ser transmitido acorde a las reglas de comercio de cualquier país. Poco importa si la carga zozobra antes de llegar a puerto, si la carga fue transmitida a otra persona que no es el cargador, tendrá el interés asegurable la persona que justifique la propiedad de la carga, no quien la aseguró en principio.

Igualmente es importante considerar que el vínculo patrimonial entre la cosa asegurada y el tomador, es más compleja que solamente contar con la propiedad o posesión jurídica. Sobre la propia carga hay un interés asegurable por quien es acreedor de un préstamo sobre el cual la carga fue adquirida, tal es el caso de un banco que ha facilitado fondos por medio a carta de crédito a un adquiriente. O por el transportista que tiene bajo el régimen de las Reglas de Hamburgo, una responsabilidad directa de custodia sobre ese bien asegurado. También sobre el fabricante no pagado, el cual tiene la propiedad en teoría de esa carga.

Pago de la prima.

Se define como la aportación económica que ha de satisfacer el contratante o asegurado a la entidad aseguradora en contraprestación por la cobertura de riesgo que éste le ofrece. Desde un punto de vista jurídico, es el elemento real más importante del contrato de seguro, porque su naturaleza, constitución y finalidad lo hacen ser esencial y típico del contrato. El asegurador no se limita a cobrar del asegurado el precio teórico medio de la probabilidad (prima pura o de riesgo), sino que la grava con una serio de recargos tales como los gastos de administración, producción, comisiones, gastos de redistribución (coaseguro y reaseguro), Etc. (Lozano J. C., 1992)

La Ley 146-02 en el Art. 73, párrafo III establece expresamente: “El pago de la prima implica la aceptación expresa por parte del asegurador de las condiciones impresas y lo consignado en las declaraciones de la póliza, así como todos los endosos efectuados a dicha póliza”. La importancia trascendental de este artículo es justo esa, no existirá póliza alguna sin el pago de la prima, o por lo menos del acuerdo sobre si pago que no debe de exceder de 120 días calendarios desde la emisión de la póliza. Incluso, el Art. 82 impide que se reformule sustancialmente bajo acuerdos o endosos cualquier punto relacionado con prima en cualquiera de los ramos del seguro.

Radica su importancia es que independiente del carácter técnico y de negocios de las pólizas de seguros, las primas se utilizan como la base para la constitución de las reservas y por tanto, la atención de los siniestros comunes de todos los asegurados. Sin prima no existe negocio de seguro, pero el riesgo al que el asegurado es expuesto continua existiendo y posiblemente agravándose.

El Seguro. Clasificación General.

El seguro en general y a nivel internacional se divide en dos macro mundos, que a su vez se subdividen en los diversos ramos que son los que conocemos en la práctica. Es importante resaltar que República Dominicana por vía de la Ley 146-02 incluye a las Fianzas como un ramo adicional y regulado por el mismo cuerpo jurídico.

La fianza nace en nuestra codificación civil que a su vez viene del derecho latino. El Código Civil Dominicano en los Arts. 2011 y siguientes no la define, sólo otorga sus características básicas; encuéntrese es un contrato oneroso pero de carácter accesorio a una obligación principal, obliga a que la afianzadora avale la obligación del deudor frente a su acreedor. En caso de que la obligación se extinga, la fianza pierde el hecho de ser.

La Ley 146-02 es un poco más explícita estableciendo a la fianza como una garantía personal de una obligación:

Artículo 63.- Los contratos de fianzas garantizan al acreedor o beneficiario el cumplimiento por parte del deudor o afianzado, de las obligaciones asumidas que se describen en dicho contrato, o el pago por el asegurador o afianzador, de una suma equivalente a los perjuicios que cause el no cumplimiento, hasta el límite convenido en dicha fianza.

Artículo 64.- En todos los casos en que, de acuerdo con disposiciones legales, se exija la prestación de fianzas o garantías a favor del Estado, de los Municipios, del Distrito Nacional o de cualquier otra de sus dependencias, las fianzas o garantías prestadas por un asegurador serán aceptadas, salvo cuando en aquellas disposiciones legales se diga, de un modo expreso, que las fianzas o garantías requeridas sean de otra clase.

 Dos consideraciones a este respecto:

Las fianzas nacen de una obligación civil y contractual; contrario al seguro que sólo existe si es un hecho futuro, incierto, aleatorio e inminentemente fortuito. Como tal las fianzas necesariamente implica que en caso de ejecutarse, hubo un motivo en que el deudor falló al compromiso contraído con el acreedor; por lo que la carga moral en el contrato fianza es muchísimo más alta y concreta que la incertidumbre de que un hecho aleatorio ocurra como lo es un huracán o terremoto.

De lo anterior se desprende que las aseguradoras en República Dominicana procuren avalar y solventar sus fianzas con propiedades del deudor afianzado, exigiéndole desde pignoraciones de certificados financieros por un valor idéntico al afianzado hasta garantías reales. En la práctica cotidiana al momento de la redacción de esta investigación, el otorgar una fianza es costoso, complicado y con muchas trabas burocráticas propias del sector asegurador.

En otras naciones existe el Aval Bancario, lamentablemente nuestro país prohíbe al sector bancario las operaciones de aval por entender que son riesgosas, permitiéndole solamente manejar operaciones de depósitos a la vista y prestamos con garantías personales o reales.

Para las Reglas de York y Amberes del 2004, existe un acto de avería gruesa cuando, y solamente cuando, se ha hecho o contraído, intencionada y razonablemente, cualquier sacrificio o gasto extraordinario para la seguridad común, con el objeto de preservar de un peligro los bienes comprometidos en una aventura marítima común. Los sacrificios gastos de avería gruesa serán soportados por los diversos intereses contribuyentes, sobre las bases establecidas a continuación. (García M. C., 2012)

Su traducción literal sería “Suscriptores”. Propiamente eran inversionistas con capital, su función básica era la de aceptar riesgos determinados, en unas condiciones establecidas y a un precio negociado con los capitanes de buques, con los armadores o los propietarios de carga. Soportaban la pérdida a costo del valor convenido, mejor conocida como “Prima de aseguramiento”.

P&I Clubs o PANDI Clubs. Son asociaciones sin fines de lucro que son creadas por los propios armadores de requieren de mejor o mayor protección de aseguramiento y que no es posible conseguirla en el mercado convencional. Se caracterizan porque sus coberturas no tienen límites de asegurabilidad, todos los socios participan en las indemnizaciones acorde al valor de los buques que formen parte, y para el 2018 ya tienen adicional de dar cobertura de responsabilidad civil, representan legalmente a los armadores frente a la administración de los Estados en caso de detención o multa a los buques cubiertos.

La Ley 358-05 sobre Protección a los Derechos del Consumidor en el Art. 81 ordena la creación de un registro para contratos de adhesión y formularios.

Para entender el concepto de Representación en el derecho de seguros, la Ley de Seguros Inglesa (Insurance Act) establece en su sección 18 establece que el deber de buena fe es necesario verlo desde dos aspectos diversos: A. El Deber de Revelación, consiste en el vínculo de hacer saber al asegurador lo que fuere necesario y esencial para que pueda determinar la extensión del riesgo contra el cual se quiere asegurar. Es un deber de revelar hechos materiales suficientes para mantener la equidad en el asegurador. B. Deber de Representación: El asegurado tendrá el deber de responder honestamente a las preguntas específicas del asegurador. Por lo que, cuando en la ley dominicana se verifique la característica de la representación se debe entender como la obligación de decir en todo momento la “verdad completa” de todos los hechos que le sean preguntados por el asegurador o sus representantes. El mayor ejemplo que tenemos a este respecto en la Ley 146-02 en el literal “d” del Art. 121.

Un aval bancario es una operación de garantía por la que el avalista (banco) se compromete a responder del cumplimiento de una obligación del avalado (normalmente cliente) ante un tercero (beneficiario), en caso de que el avalado no lo haga. Con frecuencia las obligaciones garantizadas consisten en el pago de una determinada cantidad de dinero, si bien, pueden emitirse avales en garantía de otras obligaciones (buen fin de una obra, suministro de un material, participación en concursos y licitaciones).

 

Fuentes

 Aykens, R., Lord, R. y Bools M. Bills of Lading. Informa Law & Mortimer House. Londres, Inglaterra. 2006

Baughen, S. Shipping Law. Editora Routledge. Sexta Edición. Londres, Inglaterra. 2015.

Bengolea Zapata, J. Instituciones del Derecho de la Navegación. Lerner Editora, S.R.L. Cordoba, Argentina. 2012.

Castelo Matrán, J. y Guardiola Lozano, A. Diccionario MAPFRE de Seguros. Editorial MAPFRE, S.A. Madrid, España. 1998.

Gurses, O. Marine Insurance Law. Segunda Edición. Editora Routledge. Londres, Inglaterra. 2017.

Gurses, O.; Hjalmarsson, J.; Pilley, R. Marine Insurance. Del compendio Maritime Law. Tercera Edición. Colección Informa Law, Editora Routledge. Londres, Inglaterra. 2014.

Gabaldón Garcia, J.L. Curso de Derecho Marítimo Internacional, Derecho marítimo internacional pública y privado, y contratos marítimos internacionales. Editora Marcial Pons; Madrid, España. 2012.

Organización de las Naciones Unidas, ONU. Convenio de las Naciones Unidas sobre el Transporte de Mercancías por Mar, 1978. Viena, Austria.

Rodriguez Delgado, J. P. El periodo de responsabilidad del porteador en el transporte marítimo de mercancías. Editora Marcial Pons; Madrid, España. 2016.

Stiglitz, R. Derecho de Seguros II. Editorial Abeledo-Perrot; Buenos Aires, Argentina. 2001.

Vásquez Hernández, L.F. Seguros, Orientaciones Prácticas. Editado por Seguros Universal. Santo Domingo, R.D. 1998.

Sánchez Calero. F. El Contrato de Transporte Marítimo de Mercancías. Reglas de La Haya-Visby, Hamburgo y Rotterdam. Editora Aranzadi; Navarra, España. 2010.

 

Autor: Geovanny Ramirez

Abogado en ejercicio; especialista en responsabilidad civil, seguros y derecho de transporte.

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