El divorcio de la pareja y los negocios ¿Cómo nos repartimos?

El matrimonio y el divorcio son operaciones jurídicas con amplias implicaciones en el patrimonio de la pareja.

Por deconocimiento o por falta de interes, los conyuges no manejan correctamente la repartición de los bienes, con especial híncapie cuando existen negocios de manera común o de uno de ellos.

Este artículo explica la mejor manera de enfretar la partición del negocio llegado el momento de la separación del matrimonio.

Uno de los tragos más amargos de una pareja es que la relación llegue a fin. Todo lo que comenzó con amor, ternura y entrega, muchas veces termina en molestias e incomodidad. Esto afecta a todas las áreas de la vida de la persona: familiar, afectiva, productiva y en los negocios.

Hablando en tono jurídico: el matrimonio es un contrato de sociedad; que requiere organización y prioridad por sobre los demás contratos civiles. A través de él, dos patrimonios se unen en comunidad y requieren no sólo un consentimiento expreso, sino unas reglas de juego que no todos sabemos o entendemos cuando vinculamos nuestras vidas con nuestro consorte. En República Dominicana se presume, en principio, que todo matrimonio se hace con base en la comunidad de bienes; entiéndase todos los bienes de cada cónyuge, entran en la misma comunidad a excepción de los bienes inmuebles adquiridos antes del matrimonio que mantienen propiedad individual; luego, cualquier otro bien mueble o inmueble producido dentro de la unión es de ambas partes a un cincuenta por ciento.

Aquí me detengo un momento: muchas veces las parejas se idealizan y eso no es sano. Conozco casos de personas cercanas que cuando uno de los novios le habla al otro de casarse por medio de uno de los regímenes de separación de bienes, en ocaciones quien escucha la propuesta se ofende y entiende que el otro desconfía del matrimonio y de él/ella como pareja, esa forma de reaccionar, a mi juicio es un acto de inmadurez o mala fe. Las familias pudientes y personas objetivas no colocan en juego el patrimonio construido, sobre todo cuando lo novios son personas con buena posición social y con negocios que pueden estar en riesgo.

En los casos de comunidad de bienes entran las empresas. Tanto los bienes generados, las propiedades compradas (inventarios o existencias), las cuotas o acciones sociales, las cuentas por pagar y cobrar, así como los deberes fiscales o los futuros dividendos de una sociedad, son parte del patrimonio común de la pareja.

El arte en el manejo del divorcio reside en lograr poner a la pareja de acuerdo de una manera sutil y que le quiten la emoción al término en su vida matrimonial.

El divorcio es amparado en la Ley 1306 bis del 21 de mayo de 1937, modificada por la ley 3932 del 20 de septiembre de 1954. Básicamente el matrimonio termina por mutuo consentimiento o por incompatibilidad de caracteres. En la realidad, sin importar el formato que se tome, el matrimonio terminará con el mero deseo de que uno de los dos no esté de acuerdo en continuar la vida de casado. Sin embargo existen situaciones en que la otra parte no quiere divorciarse, por lo que, lo que pudo ser de mutuo acuerdo degenera en un litigio entre los esposos que por lo regular no es agradable para nadie y todos pierden.

Ahora bien, una vez el divorcio está establecido por una sentencia, pronunciada ante la Oficialía Civil y publicada en el periódico; inicia un periplo de negociaciones entre las partes de cómo se repartirán los bienes de la comunidad. Normalmente en mi experiencia, si el divorcio inicia con discordia la partición de los bienes irá por el mismo camino.

Un gran amigo me decía una vez que lo peor que le podía pasar a un negocio es enfrentarlo a pleitos; su frase exacta fue: “Los negocios y los tribunales no deben mezclarse jamás: el negocio siempre pierde aunque gane en apariencia”.

Imagínense el hipotético escenario de que entre los bienes a repartir exista un negocio productivo y en operación, pero una de las partes entiende que la otra lo/la quiere engañar; bajo esta situación y con el apoyo de abogados conocedores del tema, se le puede colocar una administrador judicial provisional al negocio; o una oposición a entrega de dividendos, o un secuestrario judicial al inventario, Etc.

Es mejor un mal acuerdo que un buen pleito.

Cada caso es un mundo. Al final del camino, es más conveniente llegar a un mal arreglo que a un buen pleito. Tomando en consideración que así como las partes persiguen que se le reconozca la mayor parte de un activo, así mismo seran responsables de los pasivos que la empresa haya dejado. Por lo que, lo justo es que en la proporción en que se queden con los bienes, así mismo corran con las deudas.

Ojo, lo que la ley manda es que todo el patrimonio común se reparta a un 50%, y reitero que el patrimonio es el cumulo de activos y pasivos. Ahora bien, en muchos casos no es posible una repartición exacta, porque para lograrlo sería necesario hacer líquido los bienes y venderlos para que con lo recaudado, una vez pagados los honorarios y gastos procesales, queden a un 50% cada parte. En la realidad se llegan a acuerdos que no necesariamente devengaran una repartición exacta, pero será suficiente para traer tranquilidad a las partes.

Los hijos y el negocio son los que más sufren. Los hijos por situaciones obvias. El negocio por ser la fuente de producción; muchas veces es el negocio  lo que realmente las partes desean para ellos; y calcular su valor es complicado para llegar a un punto justo. Adicional se le suma el desgaste emocional que sienten las partes, y el desenfoque de quien lo administra. Mucho peor es cuando reina la desconfianza, en la que uno de los antiguos cónyuges (normalmente quien no administra) dice que no le cree al gerente aun este le muestre los números y soportes. De ahí la necesidad de que el negocio lleve una contabilidad clara y transparente, siempre al día con las declaraciones de impuestos y el pago de sus dividendos a los socios.

En resumen, muchas veces el divorcio es lo más sano para la pareja. Sin embargo, es necesario abstraerse de los hechos, quitarle emoción a la situación y sentarse a negociar con la otra parte. Con el objetivo claro de sacar lo mejor para si, pero tomando en cuenta los siguientes puntos:

  1. ¿Quién sabe manejar la operatividad del negocio?
  2. ¿Cuánto dinero ha devengado el negocio en los últimos cinco años? (A manera de entender la tendencia).
  3. ¿Cuál es el flujo de efectivo que mantiene activamente la empresa?
  4. ¿Cuánto es el costo corriente mensual del negocio?

Una vez respondidas estas preguntas, se compara al presente el valor del negocio con el resto de los activos y en base a eso se reparten los bienes.

Reitero: siempre es mejor un mal arreglo que un buen pleito. Los abogados cobramos entre un 15% y un 30% de los valores de las particiones a los clientes. Entonces, te invito a que te preguntes: ¿Cuánto pagaremos de abogados? Vs. ¿Cuánto pierdo en la negociación? En el mismo tenor la pareja debe meditar sobre la velocidad del acuerdo en que van a llegar versus el tiempo que tomará a un Tribunal determinar cuáles serán los valores a repartir. Este ejercicio sólo funciona si le quitas la emoción al momento, y ven a su ex cónyuge como la pareja con la que un día compartieron su vida o el padre/madre de los hijos, no como el contrario y menos como el enemigo.  

Autor: Geovanny Ramirez

Abogado en ejercicio; especialista en responsabilidad civil, seguros y derecho de transporte.

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