II. No son los Jueces….. son las paredes….

Sobre las 4.45 AM de una mañana normal, JOSELITO GOMEZ comenzó su faena descargando dos camiones de víveres en el mercado nuevo de la Duarte: Baja un saco, lo apila sobre otro, sube y baja otro saco en el mismo sitio. Era un tedio. Todo para ganar RD$350.00 el día. 

A la misma hora, MOISES SANCHEZ llegaba al mercado con su carga de tayotas de Jarabacoa; ubica un parqueo cerca de la entrada principal entre dos camiones, se dispone a tomarlo, las luces del vehículo son pobres y como los puestos no están abiertos, casi no hay iluminación ambiental. 

Moises llega y coloca el camión rápidamente, deseoso de terminar para ir a dormir, está desde las 11.00 PM del día anterior buscando el producto en la loma. Ve unos pequeños sacos apilados, correctamente colocados y bien pegados al goma rasera del camión de al lado, lo hace con calma, pero avanza firmemente a su parqueo. 

Moises de asusta. Oyó un grito que rompió su entumecido sopor. Ve a los lados del camión y no encuentra nada. La gente sale y le grita. El no entiende. «muevelo» «Cuidado», «lo mataste, cabrón!!» y aun El no entiende. Con más miedo que la decisión que quiere proyectar, baja con su 38 en mano. La gente se asusta. Le señalan y ve que entre la cama de su Volvo 85 recién estacionado y el Daihatsu azul de al lado, que hay un bulto que patalea y gime. 

Joselito cree que la vida se le va. Esta presionado entre dos paredes, con los pies levantados del suelo y sostenido por la fuerza que le hacen as dos camas en las que esta empotrado. Sintió como algo se le rompió por dentro, la respiración es imposible, lucha, llora, grita bajito y se desmaya.

Lector, esto que acabaste de leer es un expediente de mi oficina, específicamente el No.  GARB-118, y es 100% verídico. Ambos protagonistas son personas reales, ciertamente hubo un lesionado, no falleció, pero resultó herido con cuatro costillas rotas, un daño leve en el baso y gracias a esto se le descubrió su hipertensión. La Medico Legista le otorgó, no sin un pleito de tres meses de nuestra parte, el módico 2-3 meses de curabilidad.

Ese caso lo pude abordar en un hospital público de la provincia de Santo Domingo, y con la ayuda un policía amigo, firmó mi poder y quedé siendo el representante del lesionado. Comencé mi proceso, lo llevé hasta cuatro audiencias en una sala de la Cámara Civil del Distrito Nacional, y a pesar de que, como habrán notado, hablamos de un atropello, en el que el peatón no tuvo la culpa y es un víctima; la Juez de esa Sala estimó que no había «méritos suficientes para retener la falta civil» al conductor que denominó Moises Sánchez en el relato. Y aquí es dónde comienzo mi critica:

Como abogado en ejercicio, y que humildemente entiendo conocer un poco de responsabilidad civil; existe algo que para mi y mucho de mis colegas es un real misterio, equiparable al Santo Grial de las historias  o las formaciones pedregosas del muro de Stonhenge en Inglaterra. Ese misterio se define como «EL CRITERIO DE LOS JUECES».

En el DN, existen cinco salas civiles, cada una esta encabezada por un Juez Presidente el cual funge como gerente de departamento de una filial denominada Primera Instancia, S.R.L., que a su vez pertenece a la Corporación de la Justicia Dominicana; cada uno maneja y manda en sus asuntos sin que nadie pueda meterse. Y hasta ahí estoy totalmente de acuerdo.

Donde comienzan los problemas es cuando cambian a estos magistrados y vienen nuevos, esos que recién se incorporan, mantienen los mismos «criterios» que sus antecesores. Y esto opera en cada una de las salas del DN, de la Provincia de SD, y de varios tribunales más. y lo mejor: No importa la naturaleza del caso, no importa como haya sido, no importa lo gravoso, cierto, falso o ridículo; siempre llegará la misma sentencia.

Es como si el fallo original hubiera salido hace siete años, y de ahí en adelante sólo le hubieran dado PRINT a un macro cargado por algún oficinista de segunda, cambiando los tres párrafos y las partes. Para el que no entiende, parece como si la bacteria de la sentencia estuviera en el cemento de los despachos, en las techas de la computadora o en la tinta de la impresora; no en la cabeza del Magistrado.

Por lo que cada vez que escucho la frase «Independencia del Juez» me rió con desesperación. Cada Sala es apoyada por el o la Secretaria Titular, no sé cuantos abogados ayudantes y un personal de oficina con formación administrativa. Y, para ser justos y realistas, ameritan más ayuda. Dependiendo de la Sala, el promedio de espera para una sentencia varía: la Primera Sala (que es la más rápida de todas, promedia unos tres meses); la Segunda, diez meses; Tercera: le celebras un cumpleaños y cuéntale tres meses adicionales. Cuarta, es un año justo y no esperes un fallo a favor. La Quinta, a pesar que indemniza, depende de la volatilidad de emociones de su Titular, y en tiempo demora entre doce y quince meses para otorgar su opinión. La cereza del bizcocho está en la Primera de la Provincia, la del Ens. Ozama, que te llegan a veinticuatro meses y si no haces tu labor de lobby por semanas, no esperes esa sentencia.

Mientras esos plazos llegan; los abogados representantes de los intereses de los lesionados demandantes reciben todo tipo de insultos y malos quereres de sus clientes. Las opiniones de «…El abogado se vendió», «Ese…… ese lo cobró y no te ha dicho nada», «Yo te dije, coje eso y no te pongas a fuñir con abogados, todos son unos ladrones»; son el día normal de cualquiera que se dedica a este ejercicio. En la realidad, lidio con personas de bajo nivel escolar, con más hambre que sueños, y que en la indemnización buscan mejorar su vida como las películas foráneas. Pero son PERSONAS, que sufrieron unos daños, algunos lesionados muy seriamente, otros menos. Cuando es un motoconchista que usaba ese vehículo como medio de ganarse la vida, si no eres vivo, lo tienes mudado en la sala de tu despacho con sus hijos esperando que le des para comer. 

De ahí la iniquidad. Nuestro sistema judicial esta plagado de plazos, condiciones y emociones no jurídicas; y también deshumanizadas. El Juez muchas veces no entiende que sobre esos papeles esta el sufrimiento humano. Y con esto no quiero «trabajar el triste» al Magistrado que tenga mis expedientes, tampoco quiero que me falle a favor si no tengo la razón, lo que si hago es una reflexión de dos cosas: 1) el tiempo es el enemigo del lesionado, 2) la objetividad del criterio, depende de quien realmente haga la sentencia partiendo de las directrices que el Juez otorgue a sus empleados

Cada dos semanas me visita Joselito Gómez. Viene siempre mezclado entre tristeza (ya no tiene empleo) y rabia (por haber confiado en un togado que es víctima del sistema, igual que El). Gracias a Dios está mucho mejor de sus lesiones. Sólo tiene dañada su dignidad y fe en un sistema que no responde. En que una aseguradora, una de las primeras cinco del ranking del mercado, que aparece en anuncios de periódico y televisivos ufanando de su poder y solidez económica, pero no la suficiente solvencia moral para ayudar aun infeliz, que un conductor asegurado con ellos, y por lo que pago para enfrentar este tipo de problemas; le quitó su aliento e hizo que se desmayara. Que le costó cuatro costillas, el empleo y el matrimonio; sí el matrimonio, ella se hartó de sus quejas y del dolor de estomago de sus hijos cuando el reloj daba las 2.00 PM y no había más que arroz y agua poco idónea en esa mesa.  

La continuación de este relato la publicaré en unos días. Versará sobre la misma crujía pero en el escenario de la aseguradora. 

Autor: Geovanny Ramirez

Abogado en ejercicio; especialista en responsabilidad civil, seguros y derecho de transporte.

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